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Tiempo de actuar: la última COP para adoptar medidas eficaces

Laia Mataix Gómez | 09 de diciembre de 2019

Paisaje desértico | Pexels
Paisaje desértico | Pexels
Los expertos han avisado: si no actuamos ya será demasiado tarde para el planeta y para nuestra supervivencia. La desaparición de 33 glaciares de los 52 que había en 1850 y la situación de los mares, océanos, la biodiversidad y los ecosistemas es crítica. En España, el aumento de las temperaturas se ha acelerado hasta los 1,57 grados en tan sólo 57 años, como señala el Observatorio de la Sostenibilidad, mientras que el verano se ha alargado 9 días en una década, que además cada año registra temperaturas récord. ¿Es esta la última Cumbre del Clima en la que estamos a tiempo de actuar?

Esta es la premisa con la que líderes de 195 países se reúnen estas dos primeras semanas de diciembre en Madrid con motivo de la vigésimo quinta Cumbre del Clima (COP25), y que puede ser la última antes de agotar la última oportunidad para adoptar medidas eficaces que mitiguen los efectos de un calentamiento global que no da tregua.

La COP25 ha recorrido un convulso viaje hasta aterrizar en la capital española, después de que el Brasil de Jair Bolsonaro –negacionista incansable del cambio climático– renunciase a ser el anfitrión de la Cumbre Climática. Fue entonces cuando Chile, aparentemente uno de los países más estables de la región latinoamericana, tomó el relevo para acoger las negociaciones bajo el lema "Es tiempo de actuar". Sin embargo, tras el estallido social que comenzó en el país andino el pasado octubre, Chile se vio incapaz de hospedar finalmente la convención. Ante este desencuentro sin precedentes, España se ofreció a ser la sede de la cumbre bajo la presidencia chilena. Sin embargo, la atmósfera de esta reunión internacional sufre un creciente descrédito debido a la inacción gubernamental frente a la necesidad de adoptar compromisos realistas, pero ambiciosos y vinculantes, para atajar los efectos del calentamiento global.

Los ojos de la sociedad civil internacional están puestos estos días sobre Madrid. El estallido de distintos movimientos sociales que reclaman soluciones contra la crisis climática viene definiéndose desde el verano de 2018, cuando la conocida activista sueca Greta Thunberg decidió faltar a clase unas horas del viernes para ir a reclamar ante las instituciones de su país más acción climática. Desde entonces, miles de estudiantes de todos los países han dejado de asistir los viernes a clase para acudir a sus respectivos parlamentos nacionales junto con grupos de jóvenes que, a través de la acción pacífica, han ocupado las ciudades de todo el mundo para recordarles a los gobiernos que el futuro del planeta depende de las acciones que tomen ahora.

Más ambición y compromiso

La Conferencia de las Partes (COP) de la Convención Marco de la ONU sobre cambio climático (CMNUCC) se celebra anualmente en distintos países y se trata, desde hace 25 años, del foro político al más alto nivel frente a la crisis climática, al que se han ido sumando con los años nuevos actores como empresas, grupos conservacionistas o miembros de la sociedad civil. Durante dos semanas se establecen un diálogo y un debate multidisciplinar y transversal. La COP representa al órgano supremo de toma de decisiones de la CMNUCC a través de los jefes de Estado y de Gobierno o, en su defecto, a los ministros competentes.

Esta es la última cumbre antes de la activación del emblemático Acuerdo de París, alcanzado en 2015 para limitar el aumento global de la temperatura por debajo de los 2 grados en 2100, que entrará en funcionamiento en 2020. Pero si la ambición en las acciones y medidas acordadas por los líderes internacionales no es considerablemente mejor, y mayor, puede que esta COP25 sea recordada como aquella en la que tuvimos la oportunidad de cambiar y decidimos mirar para otro lado. Ya hemos superado el aumento de 1,5 grados de temperatura del planeta, por lo que la responsabilidad es más apabullante que nunca y recae sobre los líderes mundiales, con la gran ausencia en las mesas negociadoras de los principales contaminantes del mundo.

Cambio de región, pero no de foco

Aunque la COP25 no se haya celebrado en América Latina, la presencia latinoamericana es más notable que nunca, con más sitios en las mesas de negociación y una voz que grita claro: sin los pueblos indígenas no hay sostenibilidad posible. Las conferencias sobre desarrollo en Latinoamérica y el Caribe se suceden estos días por los pasillos del recinto ferial de Ifema, sin olvidar el protagonismo que Chile sigue teniendo en la conferencia, donde ocupa el puesto de mando.

El desarrollo sostenible, tónica de esta cumbre, cobra especial relevancia en América Latina, sobre todo en las zonas urbanas, que concentran el 80% de la población nacional entre sus calles. Destaca Medellín (Colombia), una de las ciudades del mundo que ha tomado medidas más eficaces en cuanto a mitigación y adaptación a la crisis climática, y que se ha posicionado como urbe líder en innovación y transporte sostenible.

Mares y océanos

Chile, con sus más de 6.000 kilómetros de costa, decidió darle un protagonismo estelar a estos grandes olvidados de las políticas sostenibles, un impulso al que se ha sumado España en la COP25. Los mares y océanos son los más perjudicados por el cambio climático, y los datos son incontestables: generan el 50% del oxígeno, pero al menos un 66% de los ecosistemas marinos están significativamente afectados por los efectos de la crisis climática, según fuentes de la organización Oceana Inc.

El impacto del calentamiento global sobre los mayores proveedores de oxígeno del planeta se mide en el aumento progresivo del nivel del mar y en la alteración de su composición química, así como cambia fisiológicamente los animales marinos y sus migraciones. Además, cada año más de 8 millones de toneladas de plástico y otros residuos son vertidos al mar.

 

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