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Instrumentalización del dolor

David G. Maciejewski | 07 de abril de 2020

Un grupo de personas se manifiesta en Madrid, España | PIXABAY
Un grupo de personas se manifiesta en Madrid, España | PIXABAY

Han bastado tan solo dos semanas para que los dirigentes de Vox cambien su estrategia de comunicación y propaganda para sacar rédito político de una situación que ya se ha cobrado, en el momento en el que se escriben estas líneas, 13.798 muertes, el ratio de fallecimientos por cada mil habitantes más alto de todos los países afectados por el coronavirus.

Pocos, salvo fanáticos o desinformados, pueden negar que la gestión del Ejecutivo de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias es reprobable: la escasez de medidas económicas para las pymes y autónomos, la descoordinación evidente entre las diferentes comunidades autónomas, el desastre en la compra de material preventivo y la manipulación de las fechas desde las se conocía la pandemia han provocado que el Ejecutivo haya demostrado su ensimismamiento, lentitud y hasta negligencia en la gestión de la crisis.

Sin embargo, la mala praxis de unos no sirve como sistema de homologación de los desmanes ajenos. Que partidos políticos como Vox traten de instrumentalizar el sufrimiento de las víctimas a través de campañas de marketing ideológico para atacar al gobierno no es solo un desprecio hacia los fallecidos y sus seres queridos, los principales afectados, sino una broma de mal gusto que pone de relieve la bajeza ética y moral de un partido sin escrúpulos que ensancha el pecho cuando se trata de defender la patria pero que por la puerta de atrás se salta las barreras de confinamiento, exige una desactivación de unas medidas que al principio reclamó enfervorecido (dicen, en su fantasía desquiciada, que estamos ante un estado de excepción encubierto y que ya no apoyarán la prórroga de Sánchez), y hasta rechaza esa unidad política que tanto reclamaba al principio (ni siquiera coge el teléfono al Presidente del Gobierno). Una actitud irresponsable y contraria a la necesaria unidad nacional que manifiesta un espurio aprovechamiento de la crisis.

Sin pudor ni compasión son capaces de recoger los nombres de víctimas del COVID-19 y pervertirlas incluyéndolas en un vídeo hortera con música melodramática en el que acusan al gobierno de, como poco, haberlos asesinado. También han llegado a manipular una imagen con copyright del fotógrafo Ignacio Pereira (que ya ha denunciado la apropiación) en la que muestran decenas de féretros cubiertos con la bandera de España sobre la Gran Vía. "Gobierno culpable".

Estas barbaridades que arremeten contra todo principio ético no son solo un insulto a los miles de muertos que han perecido durante esta crisis, sino que ponen de relieve que a Vox no le importan las personas, sino el rédito político. Son capaces de vender a su madre para ganar unos cuantos votos. Recuerdan a aquella ambiciosa pareja de El mensajero del miedo de Frankenheimer, que traía de vuelta de la guerra de Corea a un pelotón de soldados, entre ellos su hijo, para convertirlos en (falsos) héroes nacionales y pervertir su honor con tal de conseguir un puñado de afiliados.

Hoy más que nunca urge un acuerdo transversal que emule a aquellos Pactos de la Moncloa con los que se impulsó una Transición ejemplar y duradera que, a pesar de sus imperfecciones, trajo la democracia a un país atrasado en derechos sociales. Si el Partido Popular es inteligente se desmarcará definitivamente de Vox, aunque eso suponga la ruptura de algunos de sus pactos territoriales, y se unirá al PSOE, Unidas Podemos, a los regionalistas vascos, cántabros y turolenses y a Ciudadanos en unos Pactos de la Moncloa renovados que sirvan de herramienta para recuperar una economía que va a entrar en grave recesión. Probablemente competir contra Vox le de más rédito político en unas hipotéticas elecciones que continuar en ese trincherismo polarizador en el que lleva inmerso desde hace meses su líder, Pablo Casado.

Los vientos de crecimiento económico ahora soplan a barlovento, llevándonos al punto de partida de hace una década. La crisis económica será infinitamente peor a la crisis sanitaria, y ante una situación de tamaña tragedia nacional hace falta unidad. De lo contrario, las lluvias de primavera conseguirán que rebroten los populismos exacerbados como los de Vox –y sus contrapartes extremistas y anticapitalistas por la izquierda– para soterrar el progreso y la democracia. Hoy más que nunca se necesita de una línea roja que excluya a los de Santiago Abascal y compañía. No están moral, ética ni políticamente legitimados para dar lecciones de nada a nadie. Si los votantes son inteligentes y tienen algo de memoria, los sancionarán en unos futuros comicios.

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